jueves, 28 de enero de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
Rosa Parks, el "NO" que cambió el mundo.
Pocas veces un “no” tuvo tanta repercusión. Corría el 1 de diciembre de 1955 cuando en Montgomery (Alabama, Estados Unidos) una señora negra de 42 años, Rosa Parks, se montó en el autobús y se sentó tranquilamente. Poco después el conductor le pidió que se levantase y le cediese el sitio a cualquier blanco que lo quisiese ocupar pues lo decía la ley y ella no se podía negar en base a dicho reglamento. Sin embargo no lo hizo. No cedió ante una ley injusta que pisoteaba los derechos de los afroamericanos. Su negativa acabó con sus huesos en el calabozo y debiendo pagar una multa de 14 dólares.
"El joven blanco que estaba de pie no había pedido el asiento; fue el conductor el que decidió crear un problema", declaraba posteriormente la propia Rosa Parks a la BBC.
Parks sabía que lo que estaba haciendo era ilegal y que el no doblegarse traería consecuencias. Sin embargo probablemente no sabía que sería la chispa que prendería la llama del movimiento americano contra las leyes discriminatorias que todavía existían en muchos estados del país. En los espacios públicos negros y blancos debían sentarse separados, ir a baños separados, etcétera, lo que suponía una vejación constante e injusta.
Con su valiente acto esta costurera además de secretaria y ayudante en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color llamó la atención de Martin Luther King, que todavía no sería el líder que recordamos actualmente. Juntos, durante 382 días, emprendieron protestas que llevarían a la Corte Suprema de Estados Unidos a declarar que la segregación racial en el transporte iba en contra de la constitución del país.
Posteriormente, en 1996, le sería concedida la medalla presidencial de la Libertad y en 1999 el Congreso de los Estados Unidos le otorgaría la máxima distinción civil del país, la medalla de oro.
Rosa Parks moriría a los 92 años de edad el 24 de octubre de 2005, en Detroit, Estados Unidos, pero nadie olvida la valentía de una mujer frente a la injusticia y su importancia histórica en la abolición del racismo en Estados Unidos.
"El joven blanco que estaba de pie no había pedido el asiento; fue el conductor el que decidió crear un problema", declaraba posteriormente la propia Rosa Parks a la BBC.
Parks sabía que lo que estaba haciendo era ilegal y que el no doblegarse traería consecuencias. Sin embargo probablemente no sabía que sería la chispa que prendería la llama del movimiento americano contra las leyes discriminatorias que todavía existían en muchos estados del país. En los espacios públicos negros y blancos debían sentarse separados, ir a baños separados, etcétera, lo que suponía una vejación constante e injusta.
Con su valiente acto esta costurera además de secretaria y ayudante en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color llamó la atención de Martin Luther King, que todavía no sería el líder que recordamos actualmente. Juntos, durante 382 días, emprendieron protestas que llevarían a la Corte Suprema de Estados Unidos a declarar que la segregación racial en el transporte iba en contra de la constitución del país.
Posteriormente, en 1996, le sería concedida la medalla presidencial de la Libertad y en 1999 el Congreso de los Estados Unidos le otorgaría la máxima distinción civil del país, la medalla de oro.
Rosa Parks moriría a los 92 años de edad el 24 de octubre de 2005, en Detroit, Estados Unidos, pero nadie olvida la valentía de una mujer frente a la injusticia y su importancia histórica en la abolición del racismo en Estados Unidos.
Fuente:Historia National Geographic
martes, 17 de noviembre de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
Fotografía: BULENT KILIC
Los derechos humanxs son sus derechos. Tómenlos. Defiéndanlos. Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos....son lo mejor de nosotrxs. Denles vida.
Kofi AnnanMe pregunto en que lugar quedaron enterrados los derechos de estxs serxs humanxs......
De estas fotos hace seis días.....
miércoles, 6 de mayo de 2015
Sólo quiero eso. Casi nada. O todo
Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas.
O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.
O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que solo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que solo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan solo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Solo quiero eso. Casi nada. O todo.
Escrito por Ángeles Caso
jueves, 26 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
A vosotrxs!
Benjamín Prado escribió:
Uno no tiene nada más que contar
y eso
es todo lo que el otro necesita saber.
Han aprendido
que no hay nada más dulce que la sal de las lágrimas
de aquel que llora sobre tus heridas.
Saben que mentir hace que la verdad nos duela;
que el modo más humano de buscar el calor
es abrazarse a otro que también tiene frío.
Saben que las mejores compañías
son las que han entendido cuándo dejarnos solos;
que hay distancias
que no puede salvar el hecho de estar juntos.
Si alguna vez discuten, no olvidan que el silencia
siempre es mejor que aquello que no quieren decir;
que quien cierra la mano ahoga su destino
y el que abre una puerta
detiene al que la quiere derribar.
SAben prestarse ayuda,
darse sombra el uno al otro cuando la vida quema.
Se respaldan,
se cuidan,
se defienden...
Y lo mismo que toda sed es una metáfora
del desierto,
sus vidas son iguales
al azar y los dados
el odio y las frotneras
o el tiempo y el olvido.
Saben que al encontrarse se detuvo el pasado,
lo mismo que a las doce de la noche
dejas de decir hoy para decir ayer.
Saben que lo que une a dos personas
no es lo que comparter,
sino eso
por lo que luchan juntos todavía.
Son ellos. Son así: los camaradas.
Por apoyarme en todos y cada uno de mis proyectos.
Gracias por estar ahí siempre que os necesito, siempre que busco una salida , una opinión, una crítica o ayuda, en cualquier aspecto de mi vida.
Sin vosotrxs mi vida sería sumamente diferente y aburrida!
Igual que las olas, la salitre y la arena son tan necesarias para formar el mar , vosotrxs lo sois para mi también.
Sois la sangre y el oxígeno de cada una de las arterias de mi existencia , y es gracias a vosotrxs que me siento viva en tantas y tantas ocasiones.
No tendré jamás suficientes horas, minutos y segundos para agradecer todo lo que me hacéis sentir.
Os quiero

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